María Marta: el crimen del country / María Marta: The Country Crime

Una serie poco arriesgada / A low risk series

por Daniel Burman

Una serie con una clara toma de posición, muy (demasiado) apegada a las vicisitudes oficiales del caso, pero poco arriesgada en cuanto al desarrollo de sus personajes y al planteo de hipótesis, en un relato donde María Marta es la gran ausente. Grandes actuaciones de Jorge Marrale y Mike Amigorena. Es interesante compararla con La escalera.

Esta serie sigue el caso por el asesinato de María Marta García Belsunce en el exclusivo barrio privado Carmel, en la provincia de Buenos Aires, ocurrido en octubre de 2002 y que tuvo una enorme repercusión mediática en Argentina.

“La siguiente es una serie de ficción basada en hechos reales”. Esto reza la presentación de cada uno de los capítulos. Y ahí estriba la debilidad de esta serie, que obviamente será vista de manera muy diferente por los espectadores argentinos y los extranjeros. Tanto es así, que para los lectores argentinos incluiré un anexo, ya que conocen la mayor parte de las alternativas del caso.

Digo debilidad porque, sin ser un drama judicial, la serie de Daniela Goggi se centra sobremanera en el caso, pero faltó riesgo y ficción para desarrollar a sus personajes y explorar situaciones e hipótesis, reduciendo esta serie true crime casi a un documental con dramatizaciones. Irónicamente, Carmel: ¿quién mató a María Marta?, el documental previo emitido por Netflix resultó más interesante y rico en cuanto a sus lecturas y aristas.

La serie respeta los nombres de todo el círculo familiar de la víctima, pero cambia los de los demás personajes (el fiscal del caso, otro fiscal amigo de la familia, otro sospechoso), y esto tiene que ver con una clara toma de posición del guion de Martín Méndez, apegado a las vicisitudes de la causa y los resultados del juicio. No es un defecto la toma de posición (y menos tratándose de un caso real), pero expresada con tanta claridad más temprano que tarde, le quita ambigüedad e interés al relato, a pesar de su tratamiento de la línea temporal.

A la manera de varias ficciones modernas (y sobre todo de La escalera, serie en la que se parece inspirar y acaso pretende imitar; volveré sobre esto varias veces) el relato va y viene constantemente en el tiempo desde poco antes del crimen y se extiende a lo largo de varios años. En este caso, el recurso se vuelve abusivo y genera confusión acerca de en qué instancia procesal se hayan los implicados en el crimen, en particular el acusado principal.

El relato les da un rol bastante importante a las dos blogueras, Belu y Juana (a cargo de Muriel Santa Ana y Valeria Lois) que decidieron contactarse con el acusado de asesinato (ya en prisión) y demostrar su inocencia, frente a lo que consideraban inconsistencias de la acusación. En primera instancia se las ve casi como dos personajes casi bufos (comic reliefs) como unas Cagney y Lacey del subdesarrollo, pero arriesgadas y comprometidas. Su papel tiene alguna analogía con el de Juliette Binoche en La escalera.

La serie expone con claridad el insólito comportamiento del grupo familiar en la escena del crimen y en algunas instancias posteriores, en consonancia con los vicios de clase alta a la que pertenece, una clase acostumbrada a manejar todas sus situaciones según su voluntad y sin injerencias externas. Pero el desarrollo de esos personajes es muy pobre y parece orientado a generar sólo cierto tipo de reacciones en el espectador y no capas de interpretación de los hechos (como sí ocurría en La escalera)

El personaje de María Marta prácticamente no existe. Ella y su relación con su marido Carlos Carrascosa son los grandes ausentes de un relato que no se arriesgó a explorarlos (más allá de algunos comentarios sueltos de los personajes) en una ficción basada en hechos reales (como sí lo hizo en forma notable La escalera). Y la actividad de ella en Missing Children (aquí Missing Child), está apenas esbozada. El rol de los medios y de la opinión pública está analizado de manera esquemática más que crítico, en un crimen de clase alta con todos los elementos para generar la morbosa curiosidad, las suspicacias y avivar el resentimiento de una vasta audiencia en un momento muy crítico de la economía argentina.

Las escenas de las pericias están muy bien hechas y se cuentan entre lo más interesante de la serie, dadas sus limitaciones dramáticas.

Dentro de un buen elenco, cabe destacar la gran actuación de Jorge Marrale como el viudo Carlos Carrascosa, taciturna y reconcentrada y la notable y enigmática composición del fiscal “García del Río” a cargo de Mike Amigorena, que logra crear tensión y le da algo de vuelo a un relato donde prima un realismo más bien chato.

Anexo para los lectores argentinos y postura de la serie

Sabemos que Carlos Carrascosa fue finalmente absuelto, y con este resultado procesal se alínea casi toda la serie, más allá de que sí plantee algunos pocos interrogantes. El desarrollo parece destinado solamente a generar lentamente empatía con el grupo familiar (como dije arriba, no se priva de señalar sus mañas de clase alta, pero omite los rasgos ideológicos del hermano de la víctima, por ejemplo) y con el mismo Carrascosa, sin agregar hipótesis interesantes y sustanciales. También se posiciona en cuanto al nuevo sospechoso, el vecino “Centeno” (Pachelo en la realidad), cuyo juicio se está sustanciando actualmente.

A series with a clear position, very (too) attached to the official vicissitudes of the case, but not very risky in terms of the development of its characters and the formulation of hypotheses, in a story where María Marta is the great absentee. Great performances by Jorge Marrale and Mike Amigorena. It is interesting to compare it with The Staircase.

This series follows the case of the murder of María Marta García Belsunce in the exclusive Carmel private neighborhood, in the province of Buenos Aires, which occurred in October 2002 and which had enormous media coverage in Argentina.

«The following is a fictional series based on real events.» This reads the presentation of each of the chapters. And therein lies the weakness of this series, which will obviously be seen very differently by Argentine and foreign viewers. So much so, that for Argentine readers I will include an annex, since they know most of the alternatives in the case.

I say weakness because, without being a judicial drama, Daniela Goggi’s series focuses heavily on the case, but it lacked risk and fiction to develop its characters and explore situations and hypotheses, reducing this true crime series almost to a documentary with dramatizations. Ironically, Carmel: who killed María Marta?, the previous documentary broadcast by Netflix, was more interesting and rich in terms of its readings and edges.

The series respects the names of the entire family circle of the victim, but changes those of the other characters (the prosecutor in the case, another prosecutor friend of the family, another suspect), and this has to do with a clear position taken by the script by Martín Méndez, attached to the vicissitudes of the case and the results of the trial. Taking a position is not a defect (and less in the case of a real case), but expressed so clearly sooner rather than later, it takes away ambiguity and interest from the story, despite its treatment of the timeline.

In the manner of several modern fictions (and above all of The Staircase, a series in which it seems to inspire and perhaps pretends to imitate; I will come back to this several times) the story constantly comes and goes in time from shortly before the crime and extends over several years. In this case, the resource becomes abusive and generates confusion about in which procedural instance are those involved in the crime, in particular the main defendant.

The story gives a very important role to the two bloggers, Belu and Juana (in charge of Muriel Santa Ana and Valeria Lois) who decided to contact the accused of murder (already in prison) and prove their innocence, in the face of what they considered accusation inconsistencies. In the first instance, they are seen almost as two comic relief characters, like Cagney and Lacey of Third World, but risky and committed. Her role has some analogy with that of Juliette Binoche in The Staircase.

The series clearly exposes the unusual behavior of the family group at the crime scene and in some subsequent instances, in line with the vices of the upper class to which it belongs, a class accustomed to managing all its situations according to its will and without external interference. . But the development of these characters is very poor and seems aimed at generating only a certain type of reaction in the viewer and not layers of interpretation of the facts (as was the case in The Staircase).

The character of María Marta practically does not exist. She and her relationship with her husband Carlos Carrascosa are the great absentees of a story that did not risk exploring them (beyond a few loose comments from the characters) in a fiction based on real events (as The Staircase did in a remarkable way). ). And her activity in Missing Children (here Missing Child), is barely outlined. The role of the media and public opinion is analyzed schematically rather than critically, in a high-class crime with all the elements to generate morbid curiosity, suspicion and fuel the resentment of a vast audience at a very critical momento of the Argentine economy.

The scenes of the skills are very well done and are among the most interesting of the series, given its dramatic limitations.

Within a good cast, it is worth noting the great performance of Jorge Marrale as the widower Carlos Carrascosa, taciturn and concentrated, and the remarkable and enigmatic composition of the prosecutor «García del Río» by Mike Amigorena, who manages to create tension and gives him something of flight to a story where a rather flat realism prevails.

Annex for Argentine readers and position of the series

We know that Carlos Carrascosa was finally acquitted, and with this procedural result almost the entire series is aligned, beyond the fact that he does raise a few questions. The development seems destined only to slowly generate empathy with the family group (as I said above, it does not deprive itself of point out his upper-class tricks, but omits the ideological traits of the victim’s brother, for example) and with Carrascosa himself, without adding interesting and substantial hypotheses. He also takes a stand on the new suspect, the neighbor “Centeno” (Pachelo in reality), whose trial is currently underway.

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