Duna / Dune

Una pesada maquinaria cinematográfica que no termina de cobrar impulso / A heavy cinematographic machinery that does not finish gaining momentum

por Daniel Burman

Duna no funciona ni como historia política, dinástica y religiosa, ni como relato de aventuras; su debilidad narrativa impide disfrutarla siquiera como producto visual y sonoro. Es una producción técnicamente impecable y vistosa pero grave, solemne, más mastodóntica que imponente, creída de sí, con personajes estereotipados y psicológicamente planos. Que contenga varias referencias históricas, políticas, literarias y cinematográficas (que van desde Lawrence de Arabia hasta la presencia y las obvias analogías con las tropelías de las potencias occidentales en Oriente por el petróleo y el opio), no estaría necesariamente mal; pero son demasiado literales como para aportar una mirada nueva sobre ellas. Por otro lado, Denis Villeneuve (su director) se muestra muy contenido y recatado, muy ATP.
Que se trate de una Parte I (como anuncia un título ni bien empieza la película) termina de explicar por qué, en definitiva, Duna es una pesada maquinaria que no termina de cobrar pleno impulso con el correr de sus interminables minutos.

Reseña crítica y análisis:

El universo, alrededor del año 10.000 es un imperio neomedieval formado por una suerte de confederación de planetas con sus Casas tributarias al Emperador, a la manera del Sacro Imperio Romano Germánico. Arrakis es un planeta desértico habitado por los fremen y dominado colonialmente desde hace generaciones por la Casa Harkonnen (del planeta Giedi Prime), donde explotan la especia, la materia prima más valiosa de la galaxia, una sustancia que constituye un combustible esencial para impulsar las naves espaciales y que además funciona como psicotrópico y que abunda en las dunas de ese planeta. El Emperador decide la retirada de los Harkonnen y encomienda al Duque Leto (Oscar Isaac), jefe de la Casa Atreides (del planeta Caladan), hacerse cargo de los yacimientos de especia de Arrakis, adonde parte con su concubina Lady Jessica y su joven hijo, el príncipe Paul.

Este el planteo inicial de la película de Denis Villeneuve. Agreguemos que Lady Jessica Atreides (una gélida Rebecca Ferguson) pertenece a una secta de sacerdotisas con ciertos poderes que ha sabido inculcar a su hijo Paul (Timothée Chalamet), quien a su vez no se muestra muy interesado en sus tareas como príncipe, aunque se halle inquieto por ciertas visiones del futuro donde aparece una muchacha fremen (Zendaya). Por cierto, Chalamet es el único que le insufla humanidad a su personaje; es lo mejor de la película.

Todo esto es el planteo casi inicial de la pesada maquinaria de esta película técnicamente impecable y vistosa pero grave, solemne, más mastodóntica que imponente, creída de sí, con personajes estereotipados y planos psicológicamente (con excepción de Paul y gracias a su interpretación). Una película que es presentada como una primera parte y que recién se pone relativamente en movimiento en su segunda mitad.

Duna no funciona ni como historia política, dinástica y religiosa, ni como relato de aventuras; ni como narración ni como producto visual y sonoro. Los componentes y referencias políticas e históricas de su trama abundan (van desde Lawrence de Arabia hasta la presencia y las obvias analogías con las tropelías de las potencias occidentales en Oriente por el petróleo y el opio) pero la trama política de la película con las intrigas entre el Barón de los Harkonnen (un monstruoso Stellan Skarsgård) y el bueno del Duque Leto Atreides (Oscar Issac) no vibran. Esas referencias non demasiado literales, realistas, y no aportan una mirada novedosa sobre ellas, acaso porque no están suficientemente desarrolladas.

Algo parecido puede decirse de la subtrama religiosa derivada del poder de la orden de mujeres Bene Gesserit, de importante gravitación política en el Imperio, un grupo de intocables con ciertos poderes del que forma parte Lady Jessica y una de cuyas máximas sacerdotisas es encarnada por una inquietante Charlotte Rampling; una orden que además tiene el poder de inventar e inculcar mitos como modos de dominación. Pero todo esto está también más enunciado que desarrollado en el film. Tampoco funciona la trama aventurera, a pesar de que el Príncipe Paul inicie el típico camino del héroe.

Por otro lado, Villeneuve se muestra muy contenido, muy ATP: poca violencia (simbólica y explícta) y poco sexo.

Gran parte de la acción transcurre de noche, y Villeneuve ha optado por una (muy) escasa iluminación sólo cortada por los destellos de algunas escenas bélicas ciertamente efectivas. Esta oscuridad que domina gran parte del metraje contribuye a acentuar la pesadez de la película. Villeneuve resuelve visualmente bien la aparición de los gusanos gigantes, otro de los elementos fantásticos centrales de la historia. También son de destacar algunos encuadres “byronianos” del personaje de Chalamet.

Como se dijo arriba, el diseño de producción y los rubros técnicos son inobjetables, con una omnipresente e invasiva banda sonora de Hans Zimmer, plena de disonancias y de giros arábigos, como era de esperarse. Pero todo esto no alcanza para erigir a Duna como un producto visual y sonoro que pueda disfrutarse más allá (o a pesar) de su debilidad narrativa (como sí ocurre por ejemplo con Interstellar).

Que se trate de una Parte I (como anuncian los títulos del comienzo) termina de explicar por qué, en definitiva, Duna es un pesado dispositivo cinematográfico que no termina de cobrar pleno impulso con el correr de sus interminables minutos.

Summary

Duna works neither as a political, dynastic and religious story, nor as an adventure story; its narrative weakness prevents enjoying it even as a visual and sound product. It is a technically impeccable and colorful production but serious, solemn, more mammoth than imposing, self-conceived, with stereotyped and psychologically flat characters. Containing various historical, political, literary and cinematographic references (ranging from Lawrence of Arabia to the presence and obvious analogies with the outrages of Western powers in the East over oil and opium), it would not necessarily be wrong; but they are too literal to provide a fresh look at them. On the other hand, Denis Villeneuve (his director) is very contained and demure, very for all audiences.
That it is a Part I (as a title announces as soon as the film begins) ends up explaining why, in short, Duna is a heavy machinery that does not finish gaining full momentum with the running of its endless minutes
.

Review

The universe, around the year 10,000, is a neo-medieval empire formed by a kind of confederation of planets with their tributary Houses of their Emperor, in the manner of the Holy Roman Empire. Arrakis is a desert planet inhabited by the Fremen and dominated for generations by House Harkonnen (from the planet Giedi Prime), where they exploit spice, the most valuable raw material in the galaxy, a substance that constitutes an essential fuel to power ships space and that also works as a psychotropic and that abounds in the dunes of that planet. The Emperor decides the withdrawal of the Harkonnen and entrusts Duke Leto, head of House Atreides (of the planet Caladan), to take charge of the spice deposits of Arrakis, where he leaves with his concubine Lady Jessica and their young son, Prince Paul.

This is the initial approach of Denis Villeneuve’s film. Let’s add that Lady Jessica Atreides (an icy Rebecca Ferguson) belongs to a sect of priestesses with certain powers that she has managed to instill in her son Paul (Timothée Chalamet), who in turn is not very interested in his tasks as a prince, although he is Find uneasy about certain visions of the future where a Fremen girl (Zendaya) appears. By the way, Chalamet is the only one who breathes humanity into his character; it’s the best of the movie.

All this is the almost initial approach of the heavy machinery of this technically impeccable and colorful but serious, solemn film, more mammoth than imposing, self-conceived, with stereotypical characters and psychologically flat (with the exception of Paul and thanks to his interpretation). A film that is presented as a first part and that only gets relatively moving in its second half.

Duna works neither as a political, dynastic and religious story, nor as an adventure story; neither as a narrative nor as a visual and sound product. The political and historical components and references of its plot abound (ranging from Lawrence of Arabia to the presence and obvious analogies with the outrages of Western powers in the East for oil and opium) but the political plot of the film with the intrigues between the Baron of the Harkonnen (a monstrous Stellan Skarsgård) and the good Duke Leto Atreides (Oscar Issac) do not vibrate. These references are not too literal, realistic, and do not provide a new perspective on them, perhaps because they are not sufficiently developed.

Something similar can be said of the religious subplot derived from the power of the Bene Gesserit order of women, of important political gravitation in the Empire, a group of untouchables with certain powers of which Lady Jessica is a part and one of whose highest priestesses is embodied by a haunting Charlotte Rampling; an order that also has the power to invent and instill myths as modes of domination. But all this is also more stated than developed in the film. Nor does the adventurous plot work, despite Prince Paul starting the typical hero path.

On the other hand, Villeneuve is very content, very for allaudiences: little explicit violence, little symbolic violence, no sex.

Much of the action takes place at night, and Villeneuve has opted for a (very) poor lighting only cut off by the flashes of some certainly effective war scenes. This darkness that dominates much of the footage contributes to accentuating the heaviness of the film. Villeneuve visually solves well the appearance of the giant worms, another of the central fantasy elements of the story. Also noteworthy are some «Byronian» frames of the character of Chalamet.

As said above, the production design and technical items are unobjectionable, with an omnipresent and invasive soundtrack by Hans Zimmer, full of dissonances and Arabic twists, as expected. But all this is not enough to establish Duna as a visual and sound product that can be enjoyed beyond (or despite) its narrative weakness (as is the case, for example, with Interstellar).

That it is a Part I (as announced by the titles at the beginning) ends up explaining why, in short, Duna is a heavy cinematographic device that does not end up gaining full momentum with the passage of its endless minutes.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: